CURSO DE COCINA PARA INMIGRANTES
Desarrollando una nueva línea de cooperación entre la ONG Alicante Acoge y nuestra Asociación de Voluntarios, en noviembre del año pasado comenzamos a impartir unos cursos de cocina para personas inmigrantes que sufren una precaria situación en nuestro país.
Nuestros alumnos están recibiendo lecciones de español impartidas por los voluntarios de Alicante Acoge, que se ven reforzadas con nuestras clases de cocina, ya que todos los ingredientes de nuestras recetas constituyen palabras necesarias para el desarrollo de su vida diaria.
La mayoría son subsaharianos venidos de Senegal y Nigeria, aunque también hay marroquíes y alguno procedente de países del este europeo.
A todos les une enfrentarse a un entorno que no les es habitual, donde no saben como moverse y en el que encuentran dificultades para obtener sustento económico.
Aun cuando todos tenían una profesión en su país, aquí se tienen que dedicar a vender bolsos y CDs falsos. Son parte de los manteros que pueblan los paseos y playas de nuestra ciudad.
En estos cursos descubren la cocina española, y les ayudamos a alimentarse bien con un bajo coste, ya que las recetas incluyen ingredientes humildes pero nutritivos.
En un pisito cedido por las Comunidades Cristianas, sito en la Calle Valle Inclán, en el populoso barrio de la Virgen del Remedio, nos reunirnos con alrededor de diez inmigrantes cada sesión, en una interacción en la que ellos aprenden a cocinar nuestras recetas, nosotros conocemos una realidad alejada de nuestro cómodo nivel de vida, y todos aprendemos a relacionarnos en un ambiente multicultural.
En estas clases hemos aprendido que no podemos cocinar carne de cerdo, pues la mayoría son musulmanes. Ni tampoco añadir un poco de vino o brandy a nuestra salsa. No pueden beber alcohol. Y si cocinamos otro tipo de carne, como pollo o cordero, nos encontraremos con que no lo probarán, pues los animales no habrán sido sacrificados siguiendo su rito, que denominan hallal.
Nuestra tolerancia y respeto a los demás ha aumentado. Es su cultura y debemos respetarla, como esperamos que ellos respeten la nuestra.
Cada martes, de 18:30 a cuando nos comemos la receta una vez preparada, un voluntario CAM aporta su tiempo, los ingredientes, su saber hacer en el fogón, y sobre todo su cariño, con unas personas que nos miran tan extrañados como nosotros a ellos cada principio de clase, y de las que nos despedimos entre risas y estrechamiento de manos cuando terminamos.
Hemos sido 20 los voluntarios que hemos compartido cocina con ellos, algunos en varias ocasiones, y siempre dejando un trocito de corazón en esa pequeña cocina.
Es un alto en la vorágine de nuestras vidas que nos ayuda a reflexionar sobre qué es importante y qué no, y sobre la capacidad que cada uno tiene para ayudar a los demás.
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Fotografías

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